La Navidad es Amor

Víctor Corcoba – Articulista español

El nacimiento de un niño siempre nos trae una sonrisa en el corazón, una luz de esperanza, un abecedario de versos que nos engrandecen el alma y un clima de paz que nos sobrecoge. La Navidad es esto: un acontecimiento histórico acrecentado por un misterio de amor, que sigue interpelándonos cada año. Los pequeños más pequeños, los pobres más pobres, éstos son los auténticos protagonistas de la Navidad.

Hay que transformar el mundo y, para ello, sus moradores deben transformarse también y ver más allá de los sermones y de las falsas luces que nos asaltan, sobre todo en estos días. Es tiempo de pensar mucho. Es tiempo de vivir compartiendo. Dios no está lejano, vive con nosotros, no es un anónimo, tiene un semblante y un nombre: Jesús. Que es todo amor. Solo los que se abren a ese amor puro entenderán el verdadero espíritu navideño. En un mundo de problemas globales, comunes a todos, donde ninguna nación puede conquistar la paz para sí misma o el triunfo por sí sola, se precisa de esta solidaridad, que solo puede brotar de un alma amorosa.

Precisamente en la Asamblea General de Naciones Unidas se exhortó a los dirigentes mundiales a que prestaran una mayor atención a cinco tareas imprescindibles que exigían la solidaridad de todos: alcanzar el desarrollo sostenible; prevenir y mitigar los conflictos, las violaciones de los derechos humanos y los efectos de los desastres naturales; crear un mundo más seguro y libre de peligro; apoyar a los países en transición; y aprovechar los talentos de las mujeres y los jóvenes. Donde se honra a Dios, se honra también al ser humano.

El mundo contemporáneo sigue prefiriendo la cultura de las armas a la cultura de la solidaridad; y el espíritu del odio y la venganza, en lugar del espíritu de compartir. En el nuevo mundo que debemos hacer que nazca, mejor hoy que mañana, la solidaridad entre los pueblos tiene que ser lenguaje común. En la medida que celebremos nuestra unidad en la diversidad y los gobiernos del mundo respeten sus compromisos con los acuerdos internacionales, caminaremos más seguros y más felices, no en vano amar es encontrar en la felicidad del otro tu propia felicidad.

Que el amor del Dios con nosotros, nos otorgue fortaleza y perseverancia para ayudarnos unos a otros, e inspire a los líderes políticos y religiosos a comprometerse por ese cambio en el mundo. Seguramente, también tengamos que redescubrir una nueva Navidad más auténtica, que nos haga resplandecer como hijos del amor. Que su amor, el que injerta el Niño Dios, guíe las diversas civilizaciones y culturas e ilumine su conciencia común de ser “familia” llamada a construir vínculos de confianza y de ayuda mutua. Una humanidad unida podrá afrontar mejor los numerosos y preocupantes problemas del momento presente. Entremos con los pastores en la cueva de Belén o, lo que es lo mismo, entremos con la humanidad en las soledades humanas, y pongámonos a escucharnos unos a otros. Recuerde: la Navidad es amor; solo amor.

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