Las siete vacas gordas y las siete vacas flacas

Pastor Jhonny Romero (Licenciado en Administración) / Especial El Globo News

Inicio este artículo haciendo una analogía de la interpretación que le dio José al sueño que tuvo el Rey Faraón, el cual consistió en ver siete vacas gordas y siete vacas flacas, también lo vio con espigas llenas y hermosas, y después salían siete espigas menudas que devoraban a las primeras, descifrando el sueño, dijo: “Es irrevocable, ocurrirá que vendrán siete años de abundancia y luego siete años de escasez y hambre”, basado en el libro de Génesis capítulo 41. Eso se cumplió literalmente y se puede comparar con los tiempos que hoy vive Venezuela.

Aquí se puede observar que Dios no quiere pueblos con necesidad, por eso Él trae la revelación para que pueda tomar las previsiones, tal como lo hizo con Egipto en ese entonces, permitiendo que José interpretara el sueño de Faraón, dándole las estrategias, también lo hizo con Venezuela cuando reveló la histórica frase atribuida a Arturo Uslar Pietri: “Hay que sembrar el petróleo”.

Esta comparación permite obtener los principios básicos para sobrevivir a los embates de la crisis que sufre una nación:
La Sabiduría: en momento de crisis económica se requiere de personas sabias que se encarguen de las finanzas, son ellas las que producen ideas creativas y frescas, las que convierten las crisis en oportunidades, ya que la actividad económica tiene momentos de ascenso y descenso.
La Administración: comprende una serie de procesos y actividades que permiten establecer metas y objetivos para ser alcanzados. Recuerda como Dios trabaja. Ser un buen administrador no significa reprimir los recursos generando escasez, sino multiplicar los recursos, un ejemplo de ello fue Salomón, quien mensualmente nombraba a un gobernador que se encargara de la gestión de sus finanzas.
El Ahorro: Sin menospreciar los principios anteriores, este es uno de los que garantiza la supervivencia en medio de las venideras crisis que pueda vivir una nación. José, como buen administrador, destinó al ahorro una buena parte de las ganancias durante “el tiempo de las vacas gordas” y cuando llegó lo que ya Dios le había adelantado, “el tiempo de las vacas flacas”, Egipto pudo soportar las circunstancias.

En el marco de esta reflexión, se invita a las personas y a las naciones que se hallen en esta situación a considerar estas medidas viables, llevarlas a la práctica en cada una de las áreas y convertir las crisis en oportunidades, como lo hizo la nación norafricana, sin olvidar que mientras unos lloran otros venden los pañuelos.

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